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Eres Energía

Cada vez que nos alimentamos, nuestro cuerpo digiere los alimentos hasta obtener pequeñas moléculas que le entreguen la energía necesaria para mantenerse funcionando. A estas moléculas se les llama “ATP” (Adenosine TriPhosphate)

Ahora, conectemos el ATP con la actividad física.

Supongamos que estás en el gimnasio. Agarras una mancuerna y haces un par de repeticiones para fortalecer los bíceps de tus brazos. Como este tipo de ejercicios requiere una explosión de fuerza para poder levantar el peso, tu cuerpo recurre a la ruta anaeróbica de producción energética.

La particularidad de esta ruta es que produce pequeñas cantidades de energía de forma muy rápida. Para lograr esto, el organismo hace uso de los azúcares que se encuentran inmediatamente a su disposición. De esta manera, genera energía en forma de ATP lista para ser usada cada vez que levantes la mancuerna.

Ahora bien, luego de haber terminado con la mancuerna, decides trotar durante media hora. Como el azúcar sanguíneo de rápida disponibilidad se ha acabado, ahora el cuerpo debe generar energía a través de otra ruta.

Nos referimos a la ruta aeróbica de producción energética, la cual se caracteriza por utilizar oxígeno para producir altas cantidades de energía.

Este proceso es mucho más lento y complejo que aquel que usaste para levantar la mancuerna, principalmente porque, para producir la energía necesaria, tu organismo debe recurrir a la glucosa almacenada en el hígado

A nivel celular, el requisito de nutrientes aumenta. Para satisfacer esta demanda, el flujo sanguíneo se intensifica, transportando más nutrientes y más oxígeno. A la vez, la temperatura corporal sube, lo que hace que respires más rápido y comiences a sudar.
Es así como tu cuerpo utiliza a estas dos rutas, de manera cronológica, para hacer fluir la energía.